domingo, febrero 23, 2014

Disolver el PELT


Por: Hugo Supo
En octubre de este año, el Proyecto Especial Lago Titicaca (PELT) cumplirá 27 años de funcionamiento en la región Puno. Desde su creación, los gobernantes, peruanos y bolivianos, han ratificado la necesidad de tener vigente a esta institución, esperanzados en la buena fe de sus propósitos iniciales.
Y en alguna medida el PELT ha cumplido con ejecutar proyectos de meridiana trascendencia como el caso de la inconclusa irrigación Lagunillas, pero con el correr los años se ha corroído a la par que lo ha hecho la elite gobernante.
Los regímenes de Toledo, García y Humala debieron ser los peores para el PELT. En estos tiempos, la entidad solamente ha servido para mostrar la calaña de aventureros desempleados que abrazan la política soñando con ganarse el pan de cada día con un clientelismo perverso.
No podemos hacernos de la vista gorda frente al esperpento en el que se ha convertido el PELT, muladar de vagos, habitad de mercantilistas que han pisoteado todo lo que se pueda llamar institucionalidad para disputarse la dirección, cupos laborales y licitaciones.
Las denuncias de irregularidades que pesan ahora sobre el director Fredy Mujica Sánchez no deberían sorprendernos, el manejo último ha sido en base a cálculo político, los gobernantes de turno han hecho del PELTuna caja chica para pagar favores.
Al final del gobierno aprista se perdió una millonada de plata por no haber ejecutado proyectos, el año pasado ocurrió algo similar y al terminar febrero del 2014 apenas se ha podido ejecutar el 5.7% de los míseros  17 millones de soles que hoy maneja.
En las municipalidades hay desconfianza generalizada por este panorama, los alcaldes tienen razón porque ningún proyecto se garantiza de esta manera.
No podemos seguir con esta mediocridad, ya es tiempo que, en una muestra de decencia, Ollanta Humala  disuelva al PELT, transfiera sus proyectos a las unidades ejecutoras que corresponden en el Gobierno Regional de Puno, o si tanto problema hay,  simplemente clausure todo, porque nadie extrañará una organización así. Esto por cierto, es trabajo para los congresistas, vamos a verlos pues.  (Publicado en Correo Puno, 24/02/14) Foto: Internet 

miércoles, febrero 19, 2014

Condena al crecimiento

Por: Hugo Supo

Monopolio es un término que últimamente se usa para condenar al crecimiento empresarial. En el colmo de la exageración, esta semana se ha acusado a la cooperativa de transportes Virgen de Fátima de hacer prácticas monopólicas por el solo hecho de haber crecido más rápido que sus competidores y tentar mayor éxito.
Este columnista, que también es usuario, es testigo del cómo el modelo empresarial de la ‘cuestionada’ Fátima ha ido mejorando con los años. Fueron los socios de esta compañía que lideraron la renovación del parque automotor allá por el año 2007, si no lo hubieran hecho, quizá hoy seguiríamos trasladándonos en las destartaladas unidades que venían de Iquique.
Y con la renovación de la flota también se emprendió en darle ciertas mejoras al servicio, que es lo que finalmente interesa. Por ejemplo, algo destacable es acudir a un terminal de Fátima y tener la garantía de que la tarifa Puno-Juliaca o viceversa nos saldrá a S/. 350. Eso era imposible de imaginar cuando los transportistas pensaban solamente en ellos y no en el usuario, ¿no recuerdan que los pasajes subían cada vez que las unidades escaseaban con un tergiversado argumento de la Ley de Oferta y Demanda?
Hemos visto, más en Fátima que en otras empresas, la intención de brindar un servicio competitivo, con terminales más cómodos que los municipales, con servicios de mensajería y hasta mayor higiene y presentación de los choferes. A eso se le llama hacer empresa, y qué bueno que los socios de Fátima lo sepan. Así ganamos los pasajeros.
Por supuesto que hay mucho por avanzar, pero es innegable que algunos buscan mejorar, mientras otros prefieren lotizar las rutas con un chauvinismo primitivo, como el decir Azángaro para azangarinos, Ilave para ilaveños, Huancané para huancaneños, etcétera.
Sépanlo bien amigas y amigos, el usuario es el único que manda a la hora de preferencias, de nada servirá acumular licencias de rutas y arrojar piedras a la competencia mientras no hayan conquistado la fidelidad del pasajero. No seamos ridículos, no condenemos el esfuerzo del empresario regional. (Publicado en Correo Puno 20/02/14) Foto: Pachamama Radio  

domingo, febrero 16, 2014

La conflictividad

Por: Hugo Supo

El presidente regional, Mauricio Rodríguez, acaba de ponerse el reto de emprender una campaña internacional que logre mayores visitas extranjeras a la fiesta de la Candelaria 2015. Es buena la intención, pero torpezas, como la improvisada “Avenida del Folklore”, nos hacen dudar que tenga claro el camino.
No vaya a salir con el cuento de que una campaña internacional consiste en enviar afichitos a las embajadas o hacer un viajecito para el lanzamiento de la fiesta en Nueva York. No. Esta campaña debe comenzar por casa damas y caballeros.
Haría bien el Gobierno Regional de Puno, por ejemplo, por hacer funcionar la rimbombante “Oficina de Diálogo y Concertación de Conflictos Sociales”, pero hacerla funcionar de verdad, no concentrarla en monitoreos inútiles, tareas bomberiles o lavarse las manos de asuntos en los que no les conviene aparecer.
Es una vergüenza que la Defensoría del Pueblo catalogue a Puno, por cuchucientos años consecutivos, como una de las regiones más conflictivas del país. ¡Son 18 conflictos por Dios!, ¡este pueblo está que arde!
Y es aún más vergonzoso que el Gobierno Regional siga basando sus monitoreos y conceptos de conflictividad en el modelo defensorial que tanto daña a una zona que aspira proyectar paz social al Perú y al mundo.
En la clasificación defensorial solamente existen dos tipos de conflicto: activo y latente. ¿Qué significa? Vaya usted a saber. Lo único que refleja esa clasificación -demasiado básica- es que la región es un polvorín.
Los conflictologos están empeñados en visibilizar cualquier atisbo de “huelga” para inmediatamente sumar números. Eso es incitar a una histeria colectiva.
¿Es tan difícil hacer una clasificación más sincera de la conflictividad? Nadie, ni sociologos, ni comunicadores o profesionales involucrados están preocupados en sincerar el mapa de conflictividad regional y nacional.
Y no es verdad que Puno esté plagado de conflictos (como hace ver la connotación que tiene la Defensoría del Pueblo, la que hace sinonimia al conflicto con violencia).
Es cierto que se registran casos, pero la mayor parte es como un volcán inactivo que a lo mucho requiere una “alerta”, no denominársele conflicto propiamente dicho.
Una clasificación alternativa y sincera ayudaría a proyectar una región atractiva para el turista, con paz social y garantías. Empecemos por encender la creatividad a favor de nosotros mismos. (Publicado en Correo Puno 17/02/14) FOTO: Pachamama Radio   

sábado, febrero 15, 2014

“Periodismo bajo el terror, el periodismo de convivencia”

 (Reseña crítica al texto Periodismo bajo el terror de Aase Hjelde)
Por: Yda Ponce y Hugo Supo

Escrito originalmente en noruego, el “Periodismo bajo el terror” de la investigadora Aase Hjelde nos intenta retratar y hacer comprender la situación particular de los periodistas ayacuchanos en tiempos del terrorismo o conflicto armado, como conviniere considerarlo.
Es pues un estudio específico, basado en recoger testimonios de comunicadores locales acerca de sus experiencias y condiciones de realización en periodismo, en citas teóricas, comparaciones con otras realidades e impregnadas con el punto de vista de la autora.
Al leer “Periodismo bajo el terror” uno llega a abrir muchas interrogantes, pero, para los fines de la presente discusión, la que más podría interesarnos es: ¿cuán objetivos podemos ser en la difusión de los hechos en medio de un conflicto de las características del pueblo ayacuchano en el contexto de los ochenta y noventa?
Aase Hjelde prefiere llamarlo “periodismo de coyuntura”, pero quizá habría que ser un poco más específicos al darle una nomenclatura que nos ayude a comprender el desempeño de los periodistas ayacuchanos de la época. En nuestro caso, vamos a denominarlo “periodismo de convivencia”.
A diferencia de los hombres y mujeres de prensa foráneos que llegaban a Ayacucho con el objetivo de cubrir los hechos de violencia, sea de autoría de Sendero Luminoso o el Ejército Peruano, los periodistas locales tuvieron que desempeñar su rol en medio de la convivencia. Los enviados especiales de los medios limeños y extranjeros eran meros visitantes, los locales no, ellos tenían que convivir, día y noche, con todas las partes en conflicto.
Esto, por supuesto, puede ser ventajoso o no. El “periodismo de convivencia” implica tener un acceso más profundo a las fuentes de información, se las tiene más cerca, son los vecinos, es el colega, el policía de la ciudad, el presidente de tal o cual comunidad, etcétera; ergo, está latente la posibilidad de lograr mayor fidelidad a la hora de presentar un caso, pero ¿hasta qué punto esa cercanía con las fuentes nos permite tentar la objetividad o simplemente la imparcialidad?
El hecho de convivir con las fuentes informativas hizo que el periodista ayacuchano tenga un nivel muy profundo de involucramiento, sobre todo con la llamada “sociedad civil”.
La reciente dictadura militar de la que el Perú se curaba con Fernando Belaúnde había dejado una imagen negativa de los militares en la conciencia colectiva, no solo ayacuchana, sino en todo el país. Esa distancia hizo que los periodistas den mayor credibilidad a las denuncias de los comuneros que se quejaban por los abusos de los “sinchis” por ejemplo.
En las entrevistas que Aase Hjelde hace a los periodistas ayacuchanos, son ellos mismos los que admiten que no fueron lo suficientemente críticos con las acciones terroristas de Sendero Luminoso, hubo allí un desequilibrio.
Y el desequilibrio que anotamos es percibido desde una óptica académica, aunque igualmente podría hacerse la misma observación desde Lima, el extranjero o de cualquier modo que nos permita abstraernos del contexto del Ayacucho ochentero y noventero (tiempo y distancia).
Para comprender la actuación de los periodistas locales que cubren conflictos es necesario estar contextualizados con lo que pasa. En Ayacucho no solo era la mala imagen del militar, habían otras condiciones que hicieron que la historia del periodismo se escribiera tal y como hoy la conocemos.
En el Perú de entonces, por influencia mundial, estaba muy de moda el idealismo comunista, en un país en el que las brechas sociales han sido un problema histórico, Sendero Luminoso encontró la oportunidad de buscar el poder siguiendo la receta del terror, por ello provocó una guerra, desconoció al Estado y empezó a armar su propio estado en zonas donde más debilitamiento estatal había.
El centralismo, por su parte, también jugó un rol trascendental a la hora de la toma de posición del periodista ayacuchano. Al principio, lo de Sendero Luminoso solamente era visto como hechos delincuenciales y no un problema de orden político-militar. La miopía del centro dejó, no solamente avanzar a los terroristas, también el crecimiento de la indignación por la desatención hacia los reclamos de alerta que se hacían desde la prensa local.
Lamentablemente, Lima no ha aprendido hasta nuestros días la lección. Si tuviéramos que contextualizar un hecho cercano es el emblemático asesinato de Cirilo Robles Callomamani (exalcalde de Ilave), este hombre fue ajusticiado por una masa enceguecida de odio en abril del año 2004.
Los puneños hemos sido testigos de la indiferencia de la capital para con este problema que pudo evitarse si se atendía a tiempo. Marcando las distancias, fue una mirada similar la que se dio con Ayacucho en los inicios de los ochenta.
La estrategia de lucha que practicó Sendero Luminoso fue la de ser invisible, así que el enemigo estaba en todas partes o en ninguna a la vez. Nadie podía estar seguro de quién era quién. Ayacucho fue una sociedad de desconfiados, algunos preferían simplemente migrar para evitar ser de tal o cual parte en conflicto.
Pero los que se quedaron allí, y regresemos al caso de los periodistas locales, no tuvieron más remedio que adaptarse a las circunstancias, convivir con el peligro, las amenazas, el espionaje, las mentiras, dudas, el asesinato de colegas, las restricciones impuestas al desempeño laboral, la falta de economía, los paros armados, etcétera.
Qué duda cabe, la situación fue difícil para los periodistas locales, pues es intentar cumplir lo mejor posible el rol de comunicador sin morir en el intento.
Ponerse en una posición neutral podría considerarse como la estrategia más segura para sobrevivir en el periodismo y aproximarse a la objetividad, pero en tiempos de conflicto la neutralidad y/o imparcialidad es algo que simplemente es casi imposible de ser percibida por las partes en disputa. Como en el caso de los ayacuchanos que procuraban mantenerse en una posición sobria, aunque al final siempre acababan por ser juzgados o sospechosos de apoyar a alguna de las partes.
A mayor cercanía mayor riesgo para los periodistas, eso es lo que vivió el periodista ayacuchano que cubría esa parte de la historia peruana.
Siempre guardando distancias, el quehacer periodístico no ha cambiado mucho a la hora de cubrir conflictos sociales en zonas específicas como Ayacucho o Puno. Son similares peligros, riesgos y posibilidades los que se presentan en cada ocasión de estudiar nuevamente un caso de “periodismo de convivencia”.
No es novedad en el Perú, sobre todo durante el gobierno de Alan García, haber visto a radios locales ser acusadas de agitadoras o impulsoras de conflictos, cuando para el periodista local simplemente se estaba informando y opinando de lo que acontecía y vivía con su población.
El reciente “Aimarazo” puneño es un ejemplo de cómo se cubrían los hechos, diferente desde Lima y sus enviados especiales, y diferente en Puno con una mayoría de periodistas locales que tuvieron el reto de cumplir su rol lo mejor posible en circunstancias distintas a la de los foráneos.
Puno, verano del 2014


miércoles, febrero 12, 2014

Formalización minera en Puno

Por: Hugo Supo

El director general de Formalización Minera del MEM, José Manuel Pando, instó a los directores regionales de minería a trabajar intensamente para lograr el rápido funcionamiento de la Ventanilla Única, dice él, con el objetivo de acelerar el proceso de formalización de los mineros ilegales.
En el caso de Puno, esta dependencia está “operativa” desde noviembre del año pasado, pero los resultados no pueden verse hasta ahora, los mineros de las cabeceras del Ramis o Suches no se han formalizado.
Algunos periodistas afirmaron en el ocaso del 2013 que uno de los hechos más importantes del año era la interdicción a ilegales. Empero, la verdad es difícil calificar a un acontecimiento de trascendental cuando de lo que se trata es de una mera estrategia policíaca y no una solución integral al problema.
Han tenido que pasar muchos meses para que el burocrático MEM abra los ojos y confirme que no se trata de simples papeleos, falta de asesoría técnica o ventanillas únicas.
En el último informe de los directores regionales se advierte claramente que la dificultad más grande a la hora de la formalización son los conflictos surgidos para lograr la firma de los contratos de explotación entre los mineros informales y los titulares de las concesiones.
Ahora, recién se considera que se tiene que impulsar el funcionamiento de las mesas de negociación. Según la mirada del Gobierno central, estas mesas de negociación pasarían por incrementar el asesoramiento a estos espacios por profesionales contratados especialmente por cada dirección regional de minería para esta misión.
Vale decir, que en esto de la formalización minera -como ocurre con otros aspectos- ya empezó el peloteo de responsabilidades entre el centralismo y las regiones.
Hay que desearle buen viaje a quienes intentan solucionar el embrollo de la ilegalidad minera, aunque creemos que requeriremos por buen tiempo más a comisiones de interdicción para contener el conflicto. (Publicado en Correo Puno 13/02/14) FOTO: Gobierno Regional de Puno