martes, julio 24, 2007

Un día rutinario que no vale la pena contar

Por: Hugo Supo

Hoy desperté como siempre con el timbrecillo del celular. Quise recordar lo que había soñado, pero, no pude. Pensé en lo que había experimentado el día anterior, y dije para mi mismo:

- En ocasiones, hacemos acciones con las que influimos a terceras personas, quizás sin querer, pero lo hacemos.

Entonces quise quedarme dormido eternamente, como que añoré ser protagonista (en versión masculino) de la Bella Durmiente, claro, en el caso mío, sin una princesa que me despertara, y sin un beso que espantara el sueño que en ese momento quería.

Los minutos siguieron transcurriendo e hice lo que debía hacer (lo que siempre hago). Ir al trabajo. Caminé con los audífonos del radio puesto en los odios. Saludé a un par de tipos desconocidos que antes me saludaron también. Las manos se me estrechaban entre si por el frío de la mañana, y seguí de camino al trabajo. Como siempre.

Y como siempre, llegué, me saludaron, me acerqué al ordenador, navegué por la web, e hice lo que tenia que hacer…era otro día más.

Minutos después escuché que el rumor del día anterior había crecido. El comentario era prácticamente general. Entonces dije para mis adentros:

- En ocasiones, hacemos acciones con las que influimos a terceras personas, quizás sin querer, pero lo hacemos.

Sino no fuera así, seguramente no estaría escribiendo sobre este día que quedará en el secreto, un día del que no vale la pena contarles. Gracias por el aburrimiento.

sábado, julio 14, 2007

Y entonces…¿Seguimos parando?


Por: Hugo Supo

Gaetano Creco, es un sindicalista de nacionalidad australiana que conocí antes de iniciarse el paro de 48 horas en Puno. Él recorre América Latina desde hace meses. Pasó por Nicaragua, Venezuela, ahora está en Puno (Perú), y luego debe irse para Bolivia. Como sindicalista apoya –no podía ser de otra forma- las paralizaciones que se dan por estos días en contra del gobierno central.

Empero, una reflexión suya me conllevó a hacer el siguiente análisis: “¿Porqué hay mucho paro en el Perú?, y ¿Por qué se gana casi nada con estas medidas?” ¿Dónde quedó la famosa frase “Sin luchas no hay victorias”?. Y la respuesta parece expresarse con claridad en los hechos de protesta que se registraron el miércoles y jueves en esta parte del país.

Por más masiva que hayan sido las movilizaciones y los bloqueos de vías, no se puede comparar este último paro con la que Puno acató el pasado 20 de junio. La diferencia es que en junio se tuvo una única bandera de lucha: La carretera Interoceánica.

Sin embargo, me vuelvo a preguntar- como lo hice los días del paro- ¿Hemos tenido una verdadera bandera de lucha en esta última semana?. La respuesta puede ser considerada obvia, puesto que todos reclamaron todo a todos, lo que al final trajo como consecuencia que nadie hiciera caso a nadie.

¿Cuántas personas de las que pararon esta semana sabían con exactitud cual es el reclamo al gobierno central, o al gobierno regional?, o ¿Conocen estas personas a quien deben reclamar sus necesidades más urgentes?, lo digo por que muchos de ellos reclamaban construcción de mercados zonales, mientras unos metros más adelante desfilaba el alcalde de Puno-. No hubo bandera única de lucha, sino decenas, quizás cientos.

Eso nos lleva a volver a considerar que el problema nuestro es la falta de liderazgo – estamos en una crisis total- pues aquellos llamados a encabezar estas medidas, y conseguir beneficios concretos nunca supieron aprovechar la coyuntura. Hemos parado si, y ahora qué.

Esta experiencia nos lleva también a considerar que en definitiva los paros ya no son medidas efectivas para lograr el “desarrollo del pueblo”. Nada se gana, y al parecer mucho se pierde (La Cámara Regional de Turismo, informó que medio millón de soles fueron espantados de Puno en 8 días de paro). Y entonces, regresa la pregunta. ¿Qué o quienes están fallando?.

¿Y no será que la critica se la debemos alcanzar a “nuestros lideres”, a aquellos que hemos elegido por voto popular para que en nombre nuestro nos posibiliten mejores oportunidades de desarrollo?. ¿Dónde están los congresistas y qué han hecho aparte de pagarse jugosas dietas? ¿ O acaso no seria más efectivo que cinco congresistas se encadenen frente a palacio de gobierno, que cinco mil personas marchen en Puno sin nadie que les escuche?.

Y los congresistas por Puno, tendrían que reflexionar a partir de estos hechos – si quieren que se les considere lideres-. Por poner un ejemplo: por qué no están funcionando los “lobbies” a favor de Puno, por que de que los hay, los hay.

sábado, junio 02, 2007

Me han abandonado


Por: Hugo Supo

Escucho el “corazoncito” de los expirados Néctar, mientras regreso a mi ordenador a escribir. Noto que el empolvado teclado me ha extrañado. Nadie se ha atrevido a ponerle las manos encima. Estoy decidido a saciar mi fogosidad literaria.

Es cuestión de minutos, en un momento quedaremos exhaustos. El teclado de mi procesadora y mis dedos han iniciado un romance de adolescentes. Definitivamente, yo también he extrañado los garabateos digitales que sin mucha frecuencia hago.

Todo está dispuesto. La luz y la sombra; el silencio del sábado; la fría noche, y hasta la música de la excluida tecknocumbia de Yoni Orozco, han acordado dejarme escribir.

Estoy listo. Ajusto el teclado. Acomodo mi desarreglado cabello. Y me propongo liberar mis palabras. Empero, no puedo, y es que olvidé algo, o más bien debiera decir, que ella me abandonó, no la encuentro, me paro otra vez, me siento, y no puedo encontrarla. Se me ha perdido.

No recuerdo haber peleado con ella, no me lo explico, quizás fue por que la dejé abandonada. A veces suelo ser tan ingrato. Me lo merezco. Sin embargo, la necesito, la vuelvo a buscar, y ella no responde.

¿Dónde estás?. ¿Por dónde te busco?. Ansío nuestro reencuentro. Prometo no dejarte otra vez, no te descuidaré. Aquí me vez humillado ante ti. Regresa inspiración.

jueves, mayo 24, 2007

El Tahuantinsuyo Fashion

Por: Hugo Supo

¿Y a donde viajas “broder”?, me interrogó el taxista, como para romper el silencio del viaje. Voy a Juliaca, en realidad un poco más allá, pero el de allí es el aeropuerto más cercano, conteste.

Luego cruzamos un par de ideas mas, cosas como si tenía cambio de un cheque de cien soles con el que le cancelé el servicio hasta el aeropuerto de Lima, o cuando me recomendó ajustarme el cinturón de seguridad –no por preocuparle yo, sino por evitar la multa de los policías-.

Mientras el auto caldina de color amarillo se deslizaba lo más rápido que podía por las calles de la capital por mi prisa; pensaba yo, en las primeras palabras del hombre del volante: “Broder”.

“Broder” me dijo, cuando pudo decirme hermano. Los peruanos hemos alienado nuestro idioma y por ende nuestras vidas en demasía; Lima es un ejemplo claro sobre el tema. Hasta una cuña publicitaria de Radio Studio 92 (grupo RPP) decía: “La mitad de tu vida ya esta en ingles, completala en tal instituto…”, claro el “spot” reflejaba parte de la realidad con sus ejemplos de los nuevos códigos que especialmente la gente joven va creando para comunicarse.

El extranjerismo en el que nos comportamos, nos lleva a pensar, hacia donde nos conducimos como cultura. Por momentos, hasta podría darle razón a esos artículos norteamericanos y chilenos que califican a nuestro país y otros de la zona andina como inviables y pronostican nuestra desaparición en pocos años.

Hablamos en una especie de “inglesñol”, charlamos, declaramos nuestro amor, protestamos contra el sistema, y aclamamos la vuelta del Tahuantinsuyo en jerga extranjerizada, pero paralelamente, refutamos a la cultura alienígena de los “yanquis”. El taxista de esta historia leía Antauro, y había pegado banderillas del Tahuantinsuyo en el interior de su móvil, pero me dijo “Broder”, y si mal no recuerdo esa lengua alienada se repitió hasta el final: “Gracias ‘causa’”, se despidió.

Los medios de comunicación –todos sin excepción- han contribuido para llegar a esta situación, por tanto, será labor de estos revertir el proceso. Si por ejemplo, los locutores dejaran de poner empeño en imitar la voz de la calle –entiendase jerga vulgar- y en lugar de ello enseñarnos un habla del correcto castellano, seria signo de avance.

Todo ese fenómeno hace suponer falta de un estudio sociológico o minimamente sentido común en los productores, antes de emitir un programa de radio, televisión o escribir un articulo para prensa plana. Es hora que los medios lideren la recuperación de la identidad, o la conquista, pues quizás nunca hemos definido una verdadera identidad después de la invasión española.

Esa es nuestra cultura. Una mezcolanza que no define un rumbo claro, y que no hace sino reflejar que gran parte de nuestros jóvenes se sentirían mejor si hubieran nacido un poco mas al norte que el Perú. Unas ansias de abandonar estas tierras que tan pocas oportunidades nos brindan, es lo que encontramos disfrazado en este mundo. ¿Podrá cambiar esta realidad? ¿De quien depende?. ¿O realmente restauraremos un imperio Tahuantinsuyo “fashion”?.

miércoles, mayo 02, 2007

No celebró el día del trabajo

Por: Hugo Supo

En el reloj del celular casi daban las diez de la noche cuando el aparato empezó a timbrar.

- Alo, respondió él.
- ¿No hay problema si sales con nosotros?, dijo un amigo suyo desde el otro lado del auricular.
- Bueno, en realidad tengo que trabajar mañana temprano…
- Sólo un momento, no te hagas problemas, estamos en vísperas de un cumpleaños, insistió el segundo.

De pronto, el recorrido hacia el lugar de la cita se invadió por dudas. ¿Y si no voy? Se preguntó antes de llegar al terreno. Pese a eso, siguió. En la radio pusieron el acústico de la canción Zombie de The Cranberries; equilibró el sonido en sus oídos poniéndose los audífonos y continuó la marcha.

Y sus ojos se convirtieron en cámaras de cine que le hacían transitar en una especie de “Deja Vu”. Alguna vez estuve aquí, caminando lento como ahora, en el mismo minuto, en el mismo lugar, pensó por un momento.

Los retazos negros de la fría noche complotaron contra la diversión que debió gozar aquella vez. Un sentimiento de culpa invadió su corazón, se entristeció como cuando el gorrión se frustra cada vez que quiere escapar de la jaula en la que es encarcelado.

La culpa la tuvieron sus pupilas que notaron al niño mendigo que vendía rollos de papel higiénico que se le cruzó en media calle, notó que a unos metros del pequeño yacía otro de menos edad a quien le pesaba los parpados, estaba cansado, el peso de su propio ser le vencía, el señor de los sueños quería raptarlo hasta sus mundos.

- Colabóreme joven, dijo la tímida voz del primer menor, mientras estiraba sus manitos con dos rollos de su mercadería.
- No gracias, respondió rápidamente, y siguió caminando como en una película ralentizada.

The Cranberries seguía sonando en sus oídos, y mientras sus piernas seguían su camino, un vago sentimiento de culpa y resentimiento contra él mismo le impidió dar el siguiente paso. Paró, miró hacia atrás para comprar el papel, pero ya no estaba ahí.

Buscó con la mirada al chico que quizás vivía ahora la misma historia que él había pasado algunos años atrás. Al ver que no estaba, regresó unos pasos para ver si podia encontrarlo entre la gente que pasaba por el lugar, pero fue en vano.

Una desesperación que nunca había sentido le exigió buscar al mendigo, apuró el paso, corrió, y no encontró a nadie, ni siquiera al que estaba casi dormido en la acera de la céntrica calle…

Trató de reconciliarse consigo mismo, respiró profundo, miró el reloj de su celular, volteó la mirada una vez más, pero fue inútil. Y pensó: muchos celebraron hoy el día del trabajador, festejaron, se emborracharon, gozaron como no pueden en sus horarios de máximo rendimiento como empleados…¿Y quién ha festejado a estos niños trabajadores?.

En América Latina y el Caribe, se realizaron estimaciones referidas a la cantidad de niños y niñas económicamente activos. De estas investigaciones se pudo inferir, que en la región el 17% de los niños y niñas entre 5 y 14 años están económicamente activos en diferentes sectores productivos. ¿Quién dice algo por ellos?. Se resintió por ello.

El timbre del celular volvió a sonar, miró el aparato, no se animó a contestar, pues las ganas se le habían quitado, y se puso nuevamente en marcha. Al doblar la esquina estaba el bar donde a veces solía deprimirse solo. Entró, se acercó a la barra, y sonrió.

- Feliz día del trabajo, dijo dirigiéndose al hombre que atendía allí.
- Gracias, que le servimos, respondió con amabilidad.
- Una copa de lo de siempre, dijo, mientras la canción de The Cranberries terminaba en la radio.