jueves, diciembre 06, 2007

¿Y dónde aprendiste a llorar así…cocodrilito?

Por: Hugo Supo

¿Por qué lloramos?. Antes que todo, hay que comprender que el llanto es la expresión de emociones humanas, pasa en la mayoría de casos, en momentos de desconsuelo, y de tristeza, pero, también hay gente que llora por alegría, por emoción, por capricho, por remordimiento, impotencia, intolerancia…arrepentimiento. Y a veces, simplemente lloramos por querer impactar en nuestros interlocutores, a esas lagrimas se les conoce como las famosas “de cocodrilo”.

¿Y se han preguntado del por qué se le dice al llanto falso,“lagrimas de cocodrilo”?. Yo si, y he encontrado alguna respuesta. Se dice que “Desde tiempos remotos, se sostenía que el saurio, para atraer a sus víctimas emitía un extraño e insinuante gemido. Otros añadían que, una vez devorada la presa, el temible reptil lloraba sobre los despojos de su comida, quizás afligido porque el festín hubiese terminado tan de prisa y no falta quien asegura que suele comerse a sus propias crías”. (www.belcart.com)

Explicado “científicamente”, se sabe que las famosas lágrimas de cocodrilo son una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del animal, fuera del agua, pero no tienen nada que ver con el llanto, debido a que las glándulas salivales y las lacrimales de este animal están situadas muy cerca unas de las otras y por eso, se estimulan constantemente, lo que hace que al animal mientras llore mientras come.

“Todo esto, sumado a la fantasía popular sirvió para dar origen a la expresión “lágrimas de cocodrilo”, con la que se alude al dolor fingido de alguien ante cualquier suceso desgraciado, dolor que no es tomado en serio por ninguna de las personas que lo contemplan”. (www.belcart.com)

Intento explicar este asunto, luego que observara diversas motivaciones de llanto en conocidos, amigos, y familiares.

Era de noche. Las estrellas se habían ocultado detrás de las tormentosas nubes, como no queriendo ver el bochornoso incidente. De pronto, vi salir lágrimas de aquellos ojos. No había motivos aparentes- un capricho quizás-, pero, por algún motivo no creí en ese llanto.

Por momentos dudé. Parecía tan real, las lágrimas –aunque pocas- brotaban de las esferas remojadas que encajaban perfectamente con el desconsolado instante. Me explicó que era la primera vez que lloraba frente a un desconocido. Eso fui yo.

Al parecer le habían robado, o le habían despojado de algo que apreciaba con celo. No llegué a entenderle muy bien, pues, su llanto empeoró a cada momento. Quise consolar a la desconocida jovencita. No se dejó, y atinadamente escondió el rostro. No pude distinguir si en verdad lloraba o era mero fingimiento que trataba de esconder. ¿Era vergüenza o sinvergüencería?.

Empezó a alejarse, caminó de prisa, corrió finalmente. Yo también corrí tras ella, atraído por el anzuelo del desconcierto. Se detuvo, volteó la mirada, y finalmente la “cocodrilito” sonrió tiernamente.

No había reaccionado bien, cuando sentí un brazo fuerte rodeando el cuello mío, quise zafarme, pero otros cuatro brazos empezaron a golpearme, ante la tranquila mirada de ella.

Me amenazaron con su grosero verbo, trataba de resistir, pero, fue poco lo que pude hacer. Al dejarme malherido por la golpiza, corrieron y desaparecieron del lugar, llevándose consigo las pocas pertenencias que llevaba en mi mochila.

Pasado unos minutos, me levanté, y juré en no volver a creer en los llantos de cocodrilo. Como fue aquella vez.

Finalmente para los cocodrilos

Julio Cortazar lo recomendó bien. En instrucciones para llorar señala: “Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.

jueves, noviembre 22, 2007

No fue un trabajo cualquiera


Por: Hugo Supo

Debió tener catorce o quince años en aquel tiempo. Recibir dinero en efectivo en sus anteriores vacaciones por unos trabajos caseros en casa de un conocido, le habían provocado un apetito insaciable de buscar un empleo en ese verano. El dinero le provocaba sentirse independiente, más de lo que ya era a su corta edad.

Y debió ser finales de enero cuando estuvo a punto de convencerse que ningún empleo temporal que se ofrece en los pizarrines de las polvorientas calles de Juliaca, le convenía a aventurarse. Si allí mismo, frente al viejo hotel Arce.

Cada día regresaba al mismo lugar, y leía los mismos avisos, en las mismas líneas escritas con tiza mojada. Se necesita ayudante de “combi”, decía uno de ellos, pero para lamentar de su suerte, se demandaba a una jovencita.

Se necesita un ayudante para taller de motocicletas, decía otro, pero, tampoco encajaba por su ignorancia en esas cuestiones. Se necesita un ayudante de cocina, decía un tercer aviso, y entonces, dijo que quizás era tiempo de aventurarse en ese restaurante de apariencia barata.

El jovenzuelo anotó la dirección en su brazo derecho, cerciorándose que ésta no se borre, escribió cuidadosamente con lapicero sin tinta, y grabó los datos con marcas dejadas en su morena piel. Luego se encaminó.

La paga no era mucha, se sintió algo decepcionado, empero, aceptó aventurarse – aunque sea por ese único día- en aquella cocina humedecida por el agua que no dejaba de correr por un caño averiado en un rincón de la casa.

Habrían dado las nueve de la mañana de ese miércoles, cuando empezó el ajetreo. Un cocinero al que debía ayudarle, también fue contratado minutos después que nuestro protagonista. Ambos recibieron órdenes de su nueva jefa para hacer un trabajo impecable para ese almuerzo.

La cocina y sus quehaceres le resultaron muy alejados de su realidad, al chiquillo. Mamá siempre le había enseñado a comportarse en esas esferas, pero, esa vez, era diferente, estaba entre lo nervioso y mortificado por haber descubierto su ineptitud con los cucharones.

Por poner un ejemplo, le tocó licuar rocoto para mesa, pero éste, sin mayor remordimiento con los comensales, echó a perder la salsa del ají de gallina que se iba a servir en el almuerzo, mezclándolo con su picante potaje.

- ¡Qué has hecho niño tonto!, le dijo la dueña del restaurante.
- Perdón, fue lo único que le quedó decir.

Creo que fue desde ese momento, que empezó a contar los minutos y horas para que la frustrante jornada concluya. Mientras hacia tareas adiciones sin importancia, como limpiar mesas y lavar platos, levantaba la mirada hacia el único reloj de pared que había en la cocina, como pidiéndole que se apresure en dar vueltas. El día transcurría lento.

Y así fue pasando la tarde y la noche: aletargado y con mayores frustraciones. Luego sirvieron también algunos platos “extra” a media tarde, y cena a partir de las seis de la tarde.

Eran las diez de la noche, cuando le tocó retirarse. Quiso decir – para excusarse- que nunca más regresaría, que no le gustó, que estaba disconforme con la paga, que la hija de la dueña parecía coquetearle, y hasta que debía salir a un viaje de urgencia. Pero, no dijo nada.

Se despidió con un hasta mañana, eso si, claro, pensando en no regresar más, pidió un pequeño adelanto de dinero, que por cierto, apenas alcanzó para pagar el pasaje de regreso a casa.

Luego, caminando cerca de la casa de sus padres, pensó en su aventura, se miró las manos, y luego regresó la vista para echar un vistazo, como si el pasado se hubiera quedado allí. Volvió a sonreír, y desde entonces pensó en escribir su aventura.

- Quizás me resulte como periodista, se dijo.

sábado, octubre 13, 2007

Ahora también me siento Broadcaster

Por: Hugo Supo

Siempre he soñado con ser propietario de un medio de comunicación masivo, y ahora que lo soy, las cosas no parecen haber variado mucho en mi, salvo la satisfacción personal que he venido desarrollando desde hace como un año atrás: el de escribir esta modesta literatura personal.

Si. Hoy en día tengo mi propio medio de comunicación, y nada tengo que envidiar a los grandes “broadcaster” de las cadenas nacionales e internacionales. Ahora tengo mi propio sitio blog, donde periódicamente conjugo el verbo “bloggear” con otros “bloggers”, en este mundo lleno de “bloggeadas”.

En octubre del año pasado, inicié el periplo en el que me encuentro, reitero con mucha satisfacción, pero también con cierto temor – no lo voy a negar-, quizás por la inexperiencia que cada uno siente al iniciar un cambio en la vida. Y es que eso fue para mí el blog: un cambio de hábitos personales.

Hablar de un blog ahora es hablar también parte de las historias personales de cada gente, y es que los “bloggers” han ido apareciendo inescrupulosamente en los últimos tiempos, que ya no es nada privilegiado serlo.

Y hoy, existen “bloggers” diversos: aquellos que no tienen la más mínima idea de lo que es un sitio blog, hasta quienes han especializado sus espacios en información y opinión que se puede recurrir como fuente y más.

En realidad, no se, donde ubicarme como “blogger”, porque en algún lado debo estar considerado ¿verdad?. Pero, si algo he de resaltar en esta experiencia, es la gran satisfacción que una persona puede alcanzar al expresar lo que siente y piensa, expresándolo en este espacio.

Lo que hago ahora es invitar a más amigos a ser parte del esta “bloggosfera universal”, para que la red siga creciendo, total, siempre hay algo que decir de nosotros mismos, o tal vez de los otros que son más fáciles de criticar.

Podemos compartir más de nosotros mismos, ahora, y en adelante en nuestros medios de comunicación. Anímense. Y finalmente, feliz aniversario para mi espacio, gracias por las visitas.

martes, octubre 09, 2007

Difícil tarea para el Decano

Por: Hugo Supo

Imagino que cuando el Decano de la Prensa Regional fue relanzado en Puno, (2005) significó asumir un reto harto complicado para los nuevos responsables de conducir el diario que había registrado los momentos más importantes de la historia regional y local desde hace 77 años. Conducir una empresa es desde ya una tarea difícil, pero hacerlo, en este medio, y con las nuevas variaciones de los niveles de competitividad que se había alcanzado entonces por otras empresas, ya era más complicado.

Son muchas las expectativas que creo se ha generado en esta última generación del diario Los Andes, que el 12 de octubre cumple 79 años de existencia. Tendríamos que hablar entonces de las esperanzas que ha revivido en parte de la población puneña, respecto al desarrollo del periodismo regional, del anhelo de tener a un medio impreso que se identifique con los intereses de las mayorías, y que por supuesto, se comporte responsablemente en el mercado, no cayendo en los “clichados” comercialismos, dejados como ejemplo por los diarios chicha de tiempos de Fujimori.

Considero que hasta el momento se continúa trabajando para copar esas expectativas, generadas –ya les dije- al momento del relanzamiento. Pero, además veo que ahora el Decano tiene la responsabilidad de ser la ventana de exposición para las nuevas generaciones de intelectuales y profesionales puneños, hasta hace poco olvidados, desorientados y casi anulados en todos los aspectos de su participación en la sociedad.

Y es que la tarea de un periódico no es solamente el de fotografiar las realidades regionales de cada día, sino, también el construir una corriente de opinión responsable y dirigida a mejorar el liderazgo de nuestros jóvenes, y por ende, optimizar las actitudes de la mayor parte de la ciudadanía.

Esa es la razón por que la los comunicadores de hoy, mantenemos con vigor la confianza en Los Andes, para que sea un cómplice nuestro que coadyuve a plasmar nuevos lideres, aquellos que tanto reclamamos y necesitamos ante la aparente crisis regional en ese aspecto.

A Los Andes, o diríamos a sus antiguos directores, se len han criticado por no haber sabido mantener su posicionamiento y liderazgo en la formación de escritores, columnistas y articulistas; una de las razones por las que supuestamente, los profesionales traídos de otras partes del país, han hecho patria en la nuestra.

Sin embargo, el panorama parece variar en los últimos años, pues es fabuloso ver que en muchas ocasiones se ha preferido publicar opiniones o artículos de puneños, dándoles de esa forma la oportunidad para expresar sus pensamientos y planteamientos sobre algún tema de interés social.

Es cierto, - y hay que saberlo decir con la sinceridad de un amigo- que aún falta superar muchos aspectos para ingresar en una mayor competitividad; muchos de los errores que se cometían cuando trabajé allí, se repiten otra vez, pero, es tiempo de fijar estrategias para aprender de esas experiencias. Felicidades en este aniversario.

sábado, septiembre 22, 2007

El restaurante “Doña Carcita”

Por: Hugo Supo

Aquella noche, el frío dibujaba un terminar de día característico de septiembre en la sierra. Había caído lluvia minutos antes de la cita. Él se apresuró en llegar al encuentro. Ella se preparaba para el momento especial. Y si que lo fue para ambos.

El restaurante “Dona Carcita”se ubica en un lugar difícil de encontrar, hay que buscarlo con empeño, con paciencia, con detalle e insistencia. Es un lugar sencillo, amable, acogedor y tiene característica de hogar.

La cita fue allí. Lo interesante de ese lugar es que no hay mozos, ni cocineros famosos, que lo único que harían seria estorbar el idilio. Existe solamente una mesa para dos: La dueña del restaurante y su poco gentil enamorado, pues ni una rosa le llevó para encandilarla.

Trajeron el menú de la noche, y él encontró en esa carta, la mejor cena que jamás había esperado en su corta existencia, un apetecible potaje preparado por ella misma. No faltó champagne, claro. No se debía dejar de brindar en aquel momento.

Él pensaba –mientras empezaba a masticar- que esa mujer era impresionantemente admirable. Todo había sido pensado: la noche, el lugar, los protagonistas; lejos del bullicio de la calle y tan cerca del infinito.

Como toda cena romántica, la cita terminó con desnudo. Si, ambos se despojaron lentamente de sus falsos blindajes, y se dejaron llevar por esas cosas que solamente el amor comprende. Dialogaron mucho.

Y esa noche, lloraron ambos, quizás fue la emoción de estar juntos nuevamente, tal vez, simplemente querían hacerlo para sentirse mas cerca uno del otro. Pero también rieron, los dos enloquecieron, se les veía por momentos reír y les brotaban lágrimas de los ojos. Fue la emoción, fue la noche que quería que fuera así.

Él le contó otra vez los momentos especiales de su vida, ella - como nadie mas sabia hacerlo- le escuchó con atención. Y ese escenario se convirtió en un mar de intimidades del alma. Hablaron de confesiones, sin rencores y sin reproches, pues a parte de todo, eran los mejores amigos del mundo.

El restaurante “Doña Carcita” es un lugar especial, pocos conocen el sitio, y el se sintió afortunado por haber recorrido esos pajares. Una atención personalizada, y el mejor menú cada noche. No lo busquen, podrían quedar enamorados de la dueña.