lunes, febrero 01, 2010

Doña coraje al volante


Por: Hugo Supo

El reloj habría marcado las dieciséis horas de un domingo cualquiera cuando retornaba por trocha desde San Gabán. Fue en este verano, cuando en la sierra y selva –al contrario de la costa- llueve en demasía y como secuela los ríos crecen en su caudal, se enfurecen y hasta pareciera que gritan antes de arrasar con todo lo que encuentran a su paso.

Esa tarde había llovido en la selva puneña, rio Carmen le nombraban al lugar donde tuvimos que detenernos, obligados a parar nuestro viaje, como tantos otros pasajeros cuyos buses tampoco se atrevían a desafiar a la crecida.

Recuerdo que bajé de mi incomodo asiento para observar el panorama; el ruido del agua chocando a las rocas, la atónita mirada de otra gente al lado contrario del mío, me hizo saber las difíciles horas que nos tocaría pasar esperando que el agua baje de nivel.

Aunque no fue así. De pronto observé una camioneta cuatro por cuatro, de esas de doble tracción que hizo lo que el resto no se atrevía. Juro que el agua le alcanzó hasta los parabrisas delanteros y por poco lo termina arrastrando hacia al abismo.

Fueron momentos de tensión, sorprendidos observábamos cómo la máquina retaba la fuerza de la naturaleza. No faltó quien perdió la esperanza cuando el vehículo estuvo al medio del caudaloso afluente, no faltó quien criticó la irresponsabilidad de aquel temerario conductor.

Y sólo después que el auto salió del medio del agua nos convencimos sobre la admiración que tenemos por las mujeres, por su tenacidad y valentía. No fue para menos, se trataba de Hilda, la conductora que hizo lo que el resto no pudo atreverse.

Un grupillo improvisado de hinchas corrimos tras la camioneta antes de que se detuviera, bajó la ventana y pudimos constatarlo: era una mujer, una valiente dama que demostró a nuestros choferes que a punta de coraje todo es posible.

Ya luego no hubo quien se negara a pasar por el rio, incluso más arriba –siguiendo el camino- un caudal más fuerte volvió a detenernos por breves instantes, pero el ejemplo de Hilda puso el antecedente de que nuestro viaje debería continuar sin demoras.

“He pasado por peores cosas”, nos pronunció aquella mujer antes de partir de nuevo a su destino, sin saber que para muchos fue una lección de vida lo que nos había dado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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