miércoles, mayo 20, 2020

Reactivar el fierro y cemento


Por: Hugo Supo

El GORE Puno tiene 311 millones 159 mil 190 soles para invertir en proyectos durante 2020. De ello se ha gastado poco más del 10% a la fecha.
Se trata de presupuestos destinados a 1) Planeamiento, Gestión y Reserva de Contingencia; 2) Orden público y seguridad; 3) Comercio; 4) Agropecuaria; 5) Pesca; 6) Transporte; 7) Ambiente; 8) Salud; 9) Cultura y Deporte; 10) Educación; y 11) Protección Social.
Increíblemente, los mayores presupuestos están en los sectores que, a propósito de la pandemia, son los más críticos en estos tiempos: salud (108 millones), agropecuaria (50 millones), transporte (42 millones) y educación (30 millones).
El gobernador Agustín Luque podría decir que está destinando fondos, prioritariamente, para afrontar los problemas más básicos de los pueblos altiplánicos y la selva. ¿Qué falla entonces?, ¿Por qué tenemos esta crisis?, ¿Se trata de más dinero?
Ocurre que casi el 80% del presupuesto está manejado por una sola gerencia, la de Infraestructura, lo que quiere decir que gran parte de la plata se va en fierro y cemento, y entre un tufillo de corrupción que rodea a las obras.
Además, nuestros gobernantes ven la infraestructura como fin y no como medio, eso se traduce en las pomposas inauguraciones de edificaciones que muchas veces ni siquiera aplican a la realidad. Oficinas, hospitales, estadios, coliseos, carreteras que no están articulados a una idea de desarrollo regional, insertados en los planes multianuales a la fuerza, como bien sabe la tecnocracia local.
Para ser claros, la infraestructura debe ser equilibrada con otros aspectos como capacitación, investigación, tecnología e inversión en las personas.
Para lamentar nuestro, los pocos proyectos destinados a desarrollar lo humano, social y medioambiental no solo tienen poca plata, sino que hasta eso es mal utilizado como agencias de empleo o equipando más a los trabajadores estatales que a los beneficiarios reales; lo que nunca se transparenta. ¿Es eso lo que queremos reactivar? (Correo Puno Juliaca 21/05/20 Foto: Gore Puno)

miércoles, mayo 13, 2020

Peajes y caminantes


Por: Hugo Supo 

El Congreso de la República ha promulgado -por insistencia- la Ley 31018 con la que anula el cobro del 100% de peajes durante el incierto periodo que dure la emergencia nacional.
Tengamos en cuenta que, actualmente, el Perú tiene tres modelos de peaje: los gestionados por Provías Nacional, los cofinanciados (participación del Estado y privado) y los autosostenidos (enteramente privados).
Antes de esta promulgación, los peajes de Provías y los del modelo cofinanciado ya habían suspendido los cobros, pues tienen subsidio garantizado; solo quedaban pendientes los 22 puestos concesionados a privados.
El problema aquí se llama “transitabilidad”, que es un servicio que el Estado debe garantizar, aún más, en tiempos de emergencia.
¿Qué ocurre si por accidentes causados por humanos o la naturaleza se interrumpe alguna carretera?, ¿Quién hará que esa vía vuelva a ser transitable?
Los contratos con los concesionarios dicen que la transitabilidad está a cargo de las empresas, es más, hay montos fijos anuales destinados para el mantenimiento, este fondo se recolecta con los peajes y en caso no alcanzar las metas mínimas, es el Estado peruano que subsidia los costos.
La Ley del Congreso no toca estos contratos, ergo, el Estado pagará el mantenimiento y transitabilidad.
El MEF ha calcuado en 700 millones de soles un primer desembolso del bolsillo de los peruanos. ¿Quiénes están usando las carreteras en este momento? Principalmente, el transporte pesado dedicado a minería, combustible o alimentos, actividades que no han paralizado con el Estado de Emergencia, es decir, siguen teniendo utilidades.
¿Por qué el pueblo, obligado a la inmovilización, debería subsidiar a un pequeño sector empresarial cuyas actividades no han sido interrumpidas? Que los que usan las vías paguen los peajes, no el pueblo caminante. (Correo Puno Juliaca 14/05/20 Foto: Difusión)


miércoles, mayo 06, 2020

Verdadera reactivación


Por: Hugo Supo

No se puede reactivar algo que estaba desactivado por décadas como el agro puneño. Si vamos a hablar sobre reactivación del sistema productivo, es primordial mirar con preferencia al campo y a sus productores.
Sobre todo si casi el 50% de la Población Económicamente Activa (PEA) de la región Puno está dedicada a la agricultura (según censos del INEI), aunque lamentablemente solamente a nivel de subsistencia.
Por esta realidad es que los jóvenes migran a zonas mineras, comerciales u otros departamentos agrarios costeros buscando mejorar sus condiciones económicas para acceder a educación y salud.
Obviamente, dicho fenómeno migracional tiene muchos efectos para las urbes y el campo mismo.
De manera que hay que tomar el toro por las astas. Se trata de la descapitalización del campo que estamos obligados a revertir durante el proceso de reactivación postpandemia.
Porque se trata, finalmente, de nuestro último refugio cuando de sobreviviencia se trata. ¿O no es el campo donde hemos volteado la mirada en la emergencia, tanto para proveernos de alimentos, hierbas medicinales o simplemente escapar de las restricciones dictadas para las ciudades?
Por tanto, el Gobierno Regional de Puno, aparte de reclamar más dinero al nivel central, debe reestructurar tanto su aparato burocrático como sus presupuestos para dedicárselos, preferencialmente, a la agricultura, ganadería y factores conexos (seguridad hídrica, energía barata e industria).
La tecnología en base a fitotoldos ha superado muchas vallas a este tiempo y bien podría ser alternativa para la horticultura y hasta producción de frutas en el altiplano (Chusamarca y sus fresas es excelente ejemplo).
Aquí volvemos a necesitar de ciencia y tecnología para vencer los retos que la naturaleza nos presenta: universidades, INIA, comunidad científica, etcétera. (Correo Puno Juliaca 07/05/20 Foto: Difusión)

miércoles, abril 29, 2020

¿Y cómo aporta la universidad?


Por: Hugo Supo 

“Todo falta, maldición” ha dicho la jefa del Comando Nacional COVID-19, Pilar Mazzetti, haciendo alusión a la crítica realidad peruana frente a la pandemia por el coronavirus.
Y es verdad. Todo falta. Desde tecnología, infraestructura, personal, liderazgo político, empatía, responsabilidad, hasta conciencia ciudadana.
La crisis es peor en regiones (o lo será), donde las autoridades se limitan a seguir recetas del centralismo y la sociedad ha caido en miedo e incertidumbre.
¡Todo falta! Sobre todo ideas desarrolladas que nos ayuden a contener la pandemia y, luego, a superar las otras crisis que vendrán (económica, social, política).
¿A dónde deberíamos de ir cuando faltan ideas? Pues, a la universidad, cuya razón de ser es la investigación y generación de nuevo conocimiento.
Resulta que en el Registro Nacional de Ciencia, Tecnología y de Innovación Tecnológica (Renacyt), que orgullosamente muestran los rectores cuando hablan de acreditaciones y licenciamientos, existen 61 nombres de investigadores ligados directamente a cuatro universidades puneñas.
La mayor cantidad son de la Universidad Nacional del Altiplano (56 en total), quienes deberían hacer fluir ideas y proyectos para ayudar a las autoridades, pero guardan misterioso silencio.
La pregunta cae de madura: ¿qué están aportando las universidades en esta crisis?
En Bolivia han desarrollado investigaciones sobre el uso del eucalipto y otros saberes ancestrales para mitigar la COVID-19, en otros lares han abordado lo referido a la radiación solar y sus posibles consecuencias contra el virus.
En el Perú, Concytec ha convocado a un millonario concurso de investigaciones referidas al coronavirus (SARScov-2), se han presentado proyectos de sistemas de información, respiradores artificiales y hasta una posible vacuna. ¿Y Puno? (Correo Puno Juliaca 30/04/20 Foto: Difusión)


miércoles, abril 22, 2020

Fracturas históricas


Por: Hugo Supo 

Mientras el país debate la conveniencia o no de ampliar el Estado de Emergencia para frenar el avance del coronavirus, a cada rato se muestran evidencias de las fracturas históricas que carga el Perú:
Viajes humanitarios A (avión), viajes humanitarios B (buses) y la caminata de los descamisados que buscan volver al terruño.
Excarcelación humanitaria A (vean a los políticos amigos del régimen), excarcelación humanitaria B (pocos presos por alimentos) y las víctimas del lerdo sistema de justicia peruano que siguen esperando una sentencia en medio de hacinamiento.
Préstamos A (BCR a bancos), préstamos B (bancos a empresarios) y la agonía de los emprendedores informales que por más economía que generen, son invisibles para el Estado formal.
Hospitales de campaña A (en Lima), hospitales de campaña B (nosocomios semiabandonados en regiones) y los establecimientos de salud en comunidades y centros poblados, donde solo hay puertas cerradas.
Educación virtual A (tecnología 4G), educación virtual B (radio y televisión) y los hijos del pobre y anónimo peruano que para el Estado solo es un número de DNI.
Subisidio económico A (sueldos, ¿AFP y CTS?), subsidio económico B (bonos y canastas) y el doloroso silencio de quienes ni siquiera tienen los medios para reclamar, los que son inexistentes hasta en los mapas de pobreza.
Y así, en algún momento, nos hemos creído el cuento de “país de primer mundo”, el crecimiento económico, la reconciliación nacional, el Acuerdo Nacional y el Perú bicentenarista.
Que esta pandemia valga la pena. Parafraseando al autor de una reciente carta, la crisis no debe hacernos pensar en “sobrevivir” para regresar a esa nefasta normalidad de antes, la crisis implica “reinventarse” para cerrar, de una vez por todas, las fracturas de nuestro país. Si no es ahora, cuándo. (Correo Puno Juliaca 23/04/20 Foto: Difusión)